Y cada vez corría más tras aquel tren que la separaba de su vida, la separaba de su esperanza, quizás yo exagere, pero ella lo sentía tan dentro, ya nunca se iría aunque no fuese realidad, aunque su amor se alejase a cada minuto, a cada suspiro o cada parpadeo, ella mientras una lagrima se le escapaba pegaba un sorbo a su vaso de cartón del que hacía pocos minutos bebió él. Ella pensó que siempre, siempre lo guardaría.
Se fue, en aquella estación de tren tan fría y tan poblada como siempre, ya no tenía nada allí.
-Ay, el tiempo, el tiempo de tus caricias y el tiempo de mis lágrimas, ay, cariño mío, marchaste sin dejar rastro, solo un anillo de un metal brillante con la inscripción de tu amor- Eso pensó ella, ya pisando el asfalto dibujado de surcos de la calle.
Se fue, y tú te fuiste, llegaste al hogar y encerrada en el baño sollozaste como pocas veces, tanto que tus lagrimas, ya, no mojaban, ni mojaban ni salían, pero a pesar de poder tenerlo todo, lo único que te hacía falta era él.
Cariño yo te amo, te amo y ¿Cómo quieres que te lo demuestre? Te lo demuestro con mi vida o te lo demuestro con mi sangre, te lo demuestro con mi música, mi escritura, mi cante, mis ideas, la saliva, mi sudor, mi vida, cariño.
No, este amor es demasiado, este amor del bueno, es amor amado, el viento no se podrá llevar lo que pintamos en el con nuestros abrazos.
Así que, cariño, calla y no me llores pues cuando alargues los brazos, más cerca estaré y cuando no te des ni cuenta, me podrás tocar con solo mover un dedo pues estaré a tu lado.
-ay, niña de mi infancia, lloro de mi tristeza, muerte de mi vida, y aire que me reconforta, te quiero, lo sabes y me sobra
No hay comentarios:
Publicar un comentario