lunes, 10 de febrero de 2014

El viento

Yo dormido, acurrucado y en un libro apoyado, ha saltado los sueños al lienzo, tal y como pienso, los arañazos de mi encuentro, tras mi cuento quedan callados, travestido el futuro, vestido, disfrazado de presente, gracilmente va apagando los deseos de esta llama, de este impacto y como poco caminando va entre bosques y árboles de lado. Salí del sueño y sin dueño mi consciencia va volando, volando y cayendo como lluvia en tus labios, como un aguacero por dentro de tu abrigo, como una viva vista del testigo que me vio darte un abrazo.
- ¿Quién está llamando? Que no sabe que es de madrugada, ¿Quién está susurrando los tabiques esperando a la mañana?- Dije echando una mirada y con la cara de dormido, hágome gestos divertidos de camino hacia la cama. Aún derrepente un ruido y sobresalta el alma como con un capricho de no dejar marca y escapar de casa.
-Pero no puedo, estoy sumido en una percepción de cansancio, imponente como un golpe de algun brazo e invisible como un fantasma volando raso, otra vez callose con un silbido desgarrado y como podras imaginar, no se que ha pasado, asustado voy por el pasillo, arrastrando el paso como si fuera un cepillo para limpiar el asfalto.- Dije y tal como dije me caigo por pisar el edredón que encima de la mano voy llevando, otro ruido de crujidos cerca del suelo ha venido y ha llamado, como réplica un silbido de animal asalvajado y un escalofrio recorrio mi existencia aferrado a mi edredón de plumas de pato y maniatado con algo de terror por no saber quien me está mirando. Hinqué la rodilla derecha en el suelo de mármol, me incorporé de nuevo y tras un golpe de valor y desenfreno, dudas, es más, sin ninguna gana y para ver quien era me acerqué a la ventana y cuando miré por el vidrio transparente, allí no había nada, solo se escuchó otro llanto intenso y al abrir el cristal en aquella madrugada de oscuridad de aquel frio invierno, otro silbido salvaje, otro arañazo inquieto, miré y no habia nadie, solo un vendaval de aire, un montón de viento, ese era el que silbaba el que me mantenia despierto tan solo el maldito viento.