martes, 19 de junio de 2012

La tela del recuerdo (1)

Solos, solo un edredón de plumas de oca o de pato, que es mucho más barato y abriga lo mismo, unas sábanas blancas, una botella de vino y tu cuerpo, que buen sabor, tiene la sangre de los dioses aderezada con tus besos, que suave es la herencia de tus paladeos en mi cuerpo, que sinceros tus guiños, que sinceros, el colchón aguantaba todos nuestros juegos y se derramaba sudor y besos, con mis versos al oído y tu oído tan atento.

Era Enero, frio, el que más me congeló los huesos desde que lo recuerdo, los magos ya pasaron y las luces del árbol de navidad, ya casi todas fundidas, se retiraron hasta otro Diciembre, quitamos las guirnaldas, y a mí solo me decoraba tu cuerpo.

Nos conocimos en octubre, pocos días después de mi cumpleaños, que sorpresa, que casualidad, estabas sentada en un parque muy cerca de mi casa, sola, tan fría como el hielo más puro, me acerqué y me miraste, tus lagrimas hacían una carrera para llevas a tu boca, que listas, pensé y tal era el frio que hacía que parecían cristales tintados por el rímel, de un negro azabache con tonos de azul marino, no dijiste nada que recuerde, solo te ofrecí mi sudadera y un trozo de tela pulcra, para llevarme tus lagrimas de recuerdo.

Sinceramente, escribo esto a posteriori, para no hacerte daño en el momento y vivo hoy por ti, porque mi vida te la llevaste en aquel encuentro, solo sonreírme, y haberte pintado un bonito arco hacia abajo enseñando tu dentadura, esa risa fue la ladrona de mis actos, así que, me di la vuelta, comencé a caminar en dirección contraria, tu limpiándote los últimos rastro de maquillaje de tus sonrosadas mejillas, solo te mire por última vez, solo una vez más y viendo que tus ojos llenos de bondad y un remolino de cariño, me consumían me di la vuelta y de hace dos meses hasta hoy no volví a verte más.

Cuando un día por casualidades de la vida, por el destino, te encontré de nuevo allí, tan sola como antes, pero en vez de con lagrimas, tu rostro mostraba inquietud, impaciencia, esperanza, me acerque, en silencio, y sacando mi trozo de tela perfectamente doblado se encontraban dos rastros de maquillaje oscuro, inhale su olor dulce, de frutas, y te toque el hombro, me miraste y el primer segundo te quedaste paralizada, como si al que estuvieras esperando fuese a mí.

-Solo decirte que eres la mujer más bonita que he visto nunca- Dije en voz baja, como sin querer que te enteraras.

Seguías mirándome sin decir nada y solo con esa sonrisa, esa la que me dejo impactado el primer día.

-¿Sabes? No te conozco y realmente puede que no te conozca, quizás nunca te conoceré, pero no tengo palabras.
Le enseñe ese trocito de tela, ese que me daba esperanza a volverte a ver,