jueves, 26 de marzo de 2020

50 poemas

1. El veintiséis de noviembre.

Dime, ¿Aún recuerdas aquella madrugada?

Hoy te valoro tanto como valoro mi recuerdo.
He salido en la noche del vigésimo sexto día del décimo primer mes a buscarte, 
pero con la esperanza de no hallarte.

He obligado a mi pecho a denegarte el acceso.
y son tan potentes las garras de mi sinceridad, 
que una vez al día tengo que mentirme.

Repararme los circuitos de la cerradura que me deja sin defensas,
construir lo que derribaron mis fauces.

Es difícil asumir el paso del tiempo.
Dar la espalda al recuerdo,
es un acto suicida. 

Nunca más he vuelto y no volveré, al menos eso dice mi consciencia.

Quizás cuando la pierda, jamás me arranque de tu lado, será por eso que te 
sueño.

Y será, que sé, que separarnos, es lo mejor para tomar la decisión de jamás 
volver a vernos.

2. Lo que somos.

Somos plumas de albatros arrojadas al mar,
somos pequeños bergantines de madera hinchada por el tiempo perenne.
Somos muestras de vida en cuerpos exangües.

Somos castillos de arena en la orilla,
somos botellas vacías y el último poema.

Somos autopistas, arterias, afluentes de una ciudad olvidada,
somos gotas de magma que expulsa este volcán.

Somos los días entre semana, 
los tragos entre caladas, 
el aire que se exhala al dejarnos volar.

3. Versos de acero
.
Los versos son:
inocentes como tus caricias,
mortales como el tránsito implacable de las agujas,
suaves como una gota derramada,
Asperos como el tacto de los adoquines.

Las bombas caen sobre los cielos,
cielos blancos, cuadriculados.

La esencia que albergan es impalpable.

Y nacen de la tinta que estalla
de un bolígrafo callado.

La poesía son obúses,
disparos en yermos,
cadáveres en plata.

Las letras son pasos,
luchas hasta el alba,
para que en el nuevo día,
jamás se avive la gresca.

Las palomas ya volaron
dejando alguna pluma suelta,

¿Será un símbolo de benevolencia
que el destino nos ofrece?

Serán respiros de esperanza
en los mares deshabitados de vida,
donde la ira nos naufraga.

Es la paz entre la lucha,
las miradas de clemencia
en los campos de batalla de trazos azules.

Esa es la poesía,
la guerra para que la paz triunfe.

4. La noche de las deidades.

Oir la noche inmensa,
es un ave de tu silencio.

Las noches pasan en vano,
sin la brisa que exhala,
la abertura de tus labios al tocarme.

El tránsito de un moribundo,
que solo expulsa versos de acuarela

Nos hemos destruido,
ambos, cuerpos de barro,
que deshacemos,
con agua e ira.

Nos hemos herido,
y ya ni consolarme puedo.

¿Dónde están las piezas
de mi vida, dónde?

Esas letras doradas, 
se han oxidado 
ahora nombran algo ilegible,
algo que un día no dudamos en pronunciar.

Algo que sentíamos.

Nos alimentamos de palabras.

que un día olvidamos.

Solo la noche nos toca,
las tinieblas nos guardan,
Solo la noche,
eterna amante, nos tapa,
nos refugia de aquello que recordamos,
y el día se olvida.

Hasta que el cielo sea agua clara

hasta que el alba venga a desnudarnos,
te tendré en mi aposento.

Hasta que te marches con tu arpa.

Robé tu halo y lo escondí entre las sábanas,
y quebré tu lanza,

Degustar como bates las alas.

Me absuelve del pecado de quererte,

Amanecí, de manera sumisa,
porque el tiempo no perdona,
a este loco magullado.

.