viernes, 2 de noviembre de 2012

La presentación.

Se encerró en su camarote y no salió en toda la tarde de aquel frio y vapuleado Jueves, después de una larga siesta acompañada con algo de ginebra y relajantes musculares en comprimidos, despertó y miro por el ojo de buey que anunciaba un oleaje violento y desenfrenado, ella abrazó a su almohada como si solo eso pudiera quitarle el miedo y miró hacia la puerta, remató la botella de ginebra turquesa y calzó su mejor vestido, era aguamarina y sus guantes blancos, sus zapatos negros y ese colgante de oro blanco y amatista, recogió su pelo oscuro como el ébano y el carbón, sus ojos color café, y por supuesto su boca edulcorada con los besos más dulces, quien fuera olas es su mar de esperanzas, soy limítrofe de su cuerpo y el viento escrito en garabatos.
Se llamaba Rocio, y lo sé, este poeta solo sabía su nombre, pero quedó hipnotizado con su piel de jazmín y su olor a hierbabuena.
Subia las escaleras para salir a la proa del gran transatlántico, sonaba música, pero a ella esa clase de música no le llamaba la atención, que bonita era, alli sentada, yo me encontraba a unos 15 metros de ella también sentado y ya que mi vista vivia en su cabello me acerqué y con el valor del guerrero y la cobardia de un niño me aproximé y solo mencioné.
-Hoy tu pelo es la noche, tu cara el dia, tu manos la tarde y tu mirada mi alegria, bonita mia, no te conozco de nada, y ya estoy deseando tocarte, solo sé tu nombre y tu ni el mio, pero me fio del destino y tú eres eso, este barco es el motivo y si te vas mi lamento.

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