Y en el oscuro manto de la noche, el agua grita, el silencio duerme, el alma hierve por doquier, el sueño crece. Las puertas de las casas encaladas encajaban golpes de luz tenue. Vagaba la soledad acompañada de la inerte fuerza de la súbita oscuridad sin el mínimo atisbo de luz leve.
La locura se desparramaba por el asfalto de la calle del frenesí enzarzado y los tumultuosos lagos de esperanzas rotas y sueños despedazados.
Caminaba cubriendo de pena el aire, tamizando con la desesperación los primeros rayos del amanecer dorado, hasta apagarlo en una tiniebla intensa cual le fue consumiendo.
Tres caladas más pegó con un torpe gesto de muñeca y tres lúgubres salas atravesó, para encontrarse cara a cara con su muerte, tres pasos negó para alzar el vuelo a lo inerte y bajo el yugo de tres heridas cedió callendo en picado para morir dulcemente.
lunes, 15 de junio de 2015
7. La súbita muerte
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