-¿Sabes la presión que me meto a mi mismo para escribir algo
nuevo y mucho mejor? ¿Sabes el dilema por el que tengo que pasar para elegir
las palabras correctas? No lo sabe nadie, solo otro escritor en la misma
situación que yo y ya ni eso, a veces me pregunto ¿Seré bueno en esto? Y por
supuesto me doy cuenta que lo escribo para mí porque yo mismo me realizo los
ataques más crueles hacia mi literatura, en breves instantes la vida
desaparecerá del cuerpo como si se disolviera en tiras de piel muerta, o saldrá
de su agujero para quitarse las careta de la indiferencia, a mi realmente no me
importa darme cuenta de mis fallos e intentarlos remediar con nuevos textos,
por eso el dolor me lo trago, clavo clavos y me quedo en silencio, pero es más
fácil mentirme a mí mismo asegurando que estoy haciendo algo bueno,
aprovechando mis momentos con la verdad y escribiéndolos. Pocas latas quedan
para pensar en lo típico, que si el amor, que si te quiero, y yo aquí
maldiciendo mis acciones como poeta sin talento, JA, parece satírico, que yo
hable de ti y lo nombre “yo” y hable de mí y no sé que ponerle si tu nombre o
dejarlo sin título, es verídico el sentimiento, verídico en mayúsculas, que
aunque fueses la ultima, yo me iría, ya no hablo de ti hablo de la escritura
única que me dieron mis días de insomnio y ojeras, o por la música que me
dictaron tus momentos de cerca, tu carmín en letras diciendo “hola” en mi brazo
cuando ya estabas fuera, tu pelo de tildes está rayado por una pluma de las
buenas, tu cuerpo en verso, tu tiempo en prosa maquillado, con palabras y
momentos en la esfera celeste, y espero que no te moleste que te escriba a
altas horas, que no despiertes, que sería otra lágrima en vida derramada en un
instante.- Te dije en cuanto moría entre tu tinta derramada y tu metal
punzante.
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