Algunas voces me llaman de madrugada. El acierto de los debiles. Amaneceres aparecen postrados en la lápida del ayer. Hoy ennegrecidos por las llamas de su propia vida, se van despidiendo.
- Dos besos- Me dijo y le planté uno en la cara y otro en el labio superior. - Sin preguntas. - Contesté al darme la vuelta y ella hizo lo mismo, trayéndome así, de nuevo la noche, sacrificando sus horas. Amanecí de nuevo sin ella, siempre que me rodeaba con sus manos heladas cual noviembre, desaparecía por el este.
¿Cuántas madrugadas intenté enfrascarla en un bote de cristal o cualquier caja de cartón? Pero se escapa sin remedio. La noche.
martes, 11 de noviembre de 2014
10. Noche
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario