En la gramola sonaba una canción que no alcanzaba a conocer, el tiempo, poco a poco terminaba, las luces de colores se iban apagando con inseguridad, pocas personas quedaban y él, con unas copas de más para hacer trabajar al riñón, cada vez, la oscuridad era más dura y más espesa. Saboreó con su olfato el frio de la madrugada, expiró, y el vaho salia disparado suavemente como si de una pequeña chimenea se tratase, como si sus palabras tomaran formas gráficas y se pudieran ver.
-Pero, el cielo ¿Será así? Un cielo que nunca conoceré, un cielo que se me arrebató por razones divinas, tus alas ya no tienen fuerza para sujetar mi alma, fallé, estoy deseoso de redimirme, eres tú, Frenesí, eres todo lo que hice, blandiendo la espada que me tocó portar y guardarte con mi vida y la libertad que me quedaba desde el pecho hasta debajo de las uñas, un momento más pasional del que deberia, pongo fuerza en cada texto que te escribo, en cada idea que apilo, en cada llanto roto, en cada foto que te dedico, en cada verso pintado, por cada arañazo al alma, por cada ataque sin motivo.- Dijo con la boca cerrada, pero gritando en su cabeza, chillando de desesperación, sin duda el más fuerte que conocí, porque ahi seguia, medio serio, medio sonriente, sus ojos mostraban bondad y amor del bueno, no suele haber nadie como él y poca gente que lo merezca como ella.
martes, 17 de diciembre de 2013
Única unidad.
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