Y mientras mi mente despertaba de otro lapsus de recuerdos insaciables, acompañados siempre de una sonrisilla entre dientes, vi que mis compañeros y yo estabamos inundados de nostalgia, melancolia, con una lazada a nuestro estómago tan grande que las lágrimas no se querian derramar, no era por vergüenza, ni por capricho era la necesidad de desahogarnos y que nuestro cuerpo quedase bloqueado, menudo mazazo, solemnemente me hubiera encantado traer a mi pequeña cuando la tuviera, si es que la tengo y venir aqui a demostrar que yo me lo iba a pasar mejor que ella charlando con mis amigos en el mismo banco donde unos quince años atrás nos juntábamos y mirar aquello de lo que nos sentimos orgullosos, enseñando nuestras reglas y que crearan las suyas, me da tanta pena, que involuntariamente, me vibra la barbilla, símbolo claro del llanto, pero no me llueven los ojos, quiero que amanezca y que vuelva, sé que es imposible y que ya antes de luchar la guerra está perdida, pero lo harìa no es por el lugar si no lo que representa y la impotencia que da no haberte puesto enfrente de esa valla cerrando el acceso, por algo que aún queremos, lo sé, más que desahogo con este texto estoy clavando un poquito más el puñal de la nostalgia, solo pienso que muchos se han ido y queda un grupo escueto, siempre nobles, y representan un pedazo de ese parque, lo más duro es que mi pequeña no lo va a poder disftutar como lo disfruté yo, queriendolo como mi segunda casa y con mi familia sin el "López". De ahora y desde los catorce años soy de las "Palomas" y ese título lo llevo con orgullo grabado en mis ideales, mis maneras de pensar, mi idioma, casi en el genoma, siempre seré de las palomas.
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